ENTREGA ESQUINA
Esquina Diagonal
Cra 7ma con calle
26
Natalia Rodríguez
T
1 de Marzo de
2012
Situada en el centro de la ciudad, de los
bancos, del comercio, de los vendedores ambulantes, de los empresarios, del
gobierno, de la nación, de los estudiantes, de los turistas, de los que
protestan, de los que toman fotografías, de los que vagabundean; en el centro
de la capital Colombiana. Reposa sobre la antigua Calle Real en la época de la
colonia, ahora llamada carrera séptima; la esquina de misterio, toros,
estrellas, placer, multitud, encanto y magia; sobre la cual viví, sentí,
experimente y soñé durante 5 días, por intervalos de tiempo diferentes, el goce
de ciudad y detalles que aunque ordinarios, con los ojos y la mente abierta se
transforman en extraordinarios.
Siendo las 7:30 am, del día lunes 27 de marzo,
la esquina empieza a despertar con el incomodo y constante ruido de una maquina
que a pocos metros destruye a su paso lo poco que queda del antiguo puente de
la calle 26 con cra 7ma; en el transcurso del fin de semana que acaba de
terminar se adelantó con furor y agilidad la transformación de este cruce de la
ciudad, que divide en dos la historia de la antigua Calle Real; la que
conocíamos hasta hace un par de días
como escenario y territorio de colectivos de servicio público, grandes buses
ejecutivos de los años noventas y tradicionales busetas, es de nuevo espacio
del peatón, aunque por ahora específicamente en esta esquina y a esta hora, se
podría describir mejor como el espacio del
peatón confuso y desorientado. Pasados un par de minutos con el suave y
tranquilo caminar 10 peatones que se aproximan a sus trabajos, la esquina
empieza a sentir que el día ha iniciado; 4 mujeres y 6 hombres, con vestimenta
elegante de color negro, blanco y gris, saludan con cada paso el suelo por el
que avanzan; en sus expresiones se reconoce la confusión, el desconcierto, la
desorientación que una obra de tal magnitud representa y proyecta ante los ojso
de los que se aproximan asombro, sorpresa y sobre todo muchas inquietudes.
Antes de que el sol salga y de que las masas
lleguen a este punto de la ciudad, ya se encuentran 7 personas, 2 hombres y 5
mujeres, estratégicamente ubicados; sobresaliendo entre los demas, con simbólicas camisetas negras con un mensaje
político del gobierno actual de la ciudad “Bogotá, más humana”. Cercano a ellos
se preparan para trabajar 5 obreros, con sus resplandecientes y llamativos
trajes anaranjados y cascos amarillos. Del Cai que a pocos metros se encuentra
salen 4 policías, que lentamente se desplazan a diferentes puntos, casi como si
se tratara de una obra de teatro donde todos tranquilamente esperan que los
actores de dicho escenario lleguen y comience la obra.
El ruido aunque fuerte, se empieza a perder en
el ambiente; los transeúntes poco a poco aumentan. Siendo ya las 7:45am, no
solo la confusión es protagonista, sino el afán acelera los pasos, agudiza las
caras de preocupación y concentra alrededor de los auxiliares y guías de
movilidad, anteriormente señalados por sus camisetas y gorras negras, masas de
gente en espera de una respuesta y una solución de la mejor opción ruta. Dicha
solución se reduce a un par de palabras cruzadas y unos folletos de orientación
y recorridos; elemento presente y casi que imprescindible en las personas que
por allí transitan. De 35 personas que pasan en 1 minuto, 27 llevan consigo, generalmente
en un lugar visible su folleto de orientación, con expresión de no entender
mucho y querer llegar pronto, aceleran mucho más su paso; 5 se dirigen al
auxiliar de movilidad más próximo y 3 se dejan llevar y guiar por la gente, sin
solicitar ayuda.
Sobre el andén son más las vibraciones en el
piso, son más los pasos largos y presurosos, son más de 60 personas las que han
pasado en un poco menos de 30 minutos, de los cuales un 70% se denominarían
ejecutivos, con sus elegantes e impecables prendas, peinados y maletines; un
15% empleados, con vestimentas mucho más casuales, bufandas y morrales; 10%
estudiantes con universitarios y de colegios; 5% de personas haciendo deporte,
principalmente caminando, con su vestimenta propicia para dicha actividad. La “calle
del peatón” se percibe solitaria y ausente de dueño.
Pasadas ya las 8:15, la gente aumenta principalmente
en sentido norte- sur; los transeúntes que mantienen el imaginario de la calle
que dejaron el viernes y que ahora se encuentran con 166.4 m3 escombros
consecuencia de la demolición del puente[1];
comentan en voz alta – ¿Qué mierda paso aquí?[2]-
entre asombro, preocupación y un poco de risa, cruzando miradas entre sí,
buscando algún consuelo. El ambiente es frio, pero el sol está próximo a
intervenir entre la sombra que generan los 14 árboles, separados por 6 o 7
metros de distancia entre sí, acercándose con largas ramas 5 o 6 metros más al cielo.
La mayoría de personas van o vienen solas, en
el tiempo transcurrido han pasado entre estos árboles guardianes apenas 5
parejas y 3 tríos; 1 de estos se localiza a pocos metros en el único puesto
ambulante presente en este momento, acompañados de 2 personas más, es decir, en
total 6 hombres (con el vendedor) bajo el colorido parasol, que protege a esta
sofisticada bicicleta negra integrada con una olla de aluminio, en la que se
prepara una deliciosa agua aromática de maracuyá, papayuela, mora, limoncillo,
albahaca, hierba buena, limón y miel; que se vende a $800 en un vaso de icopor.
El sol empieza a entretejerse entre los
árboles, delgados rayos caen contra el suelo y el cielo se aprecia celeste y
despejado; por algunos segundos nadie transita, entonces, el suelo, los
arboles, el asfalto, el delicioso aroma de la aromática, las sillas publicas y
una paloma que sobre una de ellas se encuentran dan un respiro y se suspenden
en la tranquilidad que por unos instantes en esta mañana de lunes se evidencia.
A las 5:00 pm, de este mismo día, no solo es
diferente la franja horaria a la anteriormente mencionada; las dinámicas a su
vez se transforman. Antes sobre la esquina, presurosos o despreocupados
arribaban los caminantes desde sus lugares de origen; ahora es momento de
retornar. Los pasos se observan mucho más tranquilos, pacientes, serenos;
grupos que entre conversaciones en su mayoría aisladas de la situación actual
de escombros y demolición, van dejando sus frases y palabras en esta esquina.
Ella escucha los chismes de trabajo, las peleas entre novios, las risas entre
amigos, las responsabilidades y tareas del día siguiente, las conversaciones fortuitas, los comentarios
sueltos, las opiniones encontradas, el pensar y decir de los que por ella
pasan.
Aún se alcanza a apreciar a lo lejos la
despedida del sol, interrumpida en el horizonte por el flujo masivo de las
personas que transitan. Un 50% vienen de sur a norte, un 40% de norte a sur y
un 10% desciende de la diagonal 26. Las mujeres con los bolsos bien agarrados, los
peinados un tanto imperfectos en relación a unas horas atrás y las expresiones
de cansancio en sus rostros. Los hombres con maletines o morrales, con pasos
largos y con los nudos de las corbatas ligeramente sueltos.
A pocos metros al sur, están situados 3
puestos ambulantes, 2 de estos vendiendo variedades de snacks, llamados
coloquialmente galguerías, que se dividirían a modo general en cinco grupos;
en el primero de estos denominado
“paquetes”, encontramos: papas, chitos, tajaditas (dulces o saladas), de
toditos, doritos, tostiarepas, tostacos, maizitos, entre otros. En el segundo
grupo denominado “dulces”, encontramos: chicles, bonbonbum, chocolatinas,
mentas, frunas, sparkies, gomas, caramelos, entre otros. En el tercer grupo
denominado “pasabocas dulces”, encontramos prinicipalmente ponques y galletas
como: chocoramos, ponques galas, brownies, chocolitas, glacitas, club social, festival,
milo, recreo, wafer, nucita, oreo, entre muchas otras. El cuarto grupo denominado “bebidas”,
encontramos: gaseosas, te, jugos, agua (sin gas, con gas, saborizada). Y el
quinto grupo denominado “nocivo”, encontramos cigarrillos de marcas como:
Malboro, Boston, Green, Mustang, Kool, entre otros. Los precios dependen del productos, sin
embargo, oscilan entre $50 y $3.500. El tercer puesto ambulante presente en
esta tarde, y sobre el cual se concentra la multitud lo administra el señor
Juan Esguerra, vendedor de minutos a comcel, movistar, tigo y fijos; cuenta con
8 celulares de gama baja, exclusivos para el trabajo, a su modo de ver. Los
minutos tienen un costo de $300; por medio de esta actividad él recibe los ingresos
para sostener a su familia, conformada por 2 niños y su esposa.
Aparece entonces una nueva visión del lugar,
de la esquina, de la magia, de las diferentes dinámicas y funciones que el
espacio presenta; ahora la esquina es trabajo. No solo para los vendedores
antes mencionados, están también los obreros cuya labor por hoy está a pocos
minutos de terminar. Siendo las 5:25, en esta esquina de pasiones, afanes y
trabajo, los obreros se muestran cansados y ansiosos de llegar a casa; son en
este preciso momento, 18 hombres que de a poco se transforman y cambian su
llamativo traje naranja y se empiezan a perder con sus morrales, zapatos
cómodos, chaquetas y en algunos casos bufandas, entre el ir y venir del resto
de la gente.
Pasadas 22 horas y 10 minutos; con el cielo
nublado, el piso ligeramente húmedo, el ambiente sereno, el ruido lejano de la
carrera 10ma y el constante fluir de peatones sobre este pequeño fragmento de
ciudad, se encuentran habitadas 3 de las 4 sillas publicas instaladas aquí, la
primera de estas un ejecutivo de traje azul, quien tranquilamente observa un
periódico El Tiempo, levantando su mirada ligeramente al sentir la presencia o
transcurrir de alguien cercano a su sitio de reposo. La segunda de estas la
ocupa un señor de 40 años, con chaqueta de cuero, camisa naranja, pantalón de
jean; quien ve propicio el momento y lugar para detener un poco su rutina y
dedicarse a observar a su alrededor, casi como si se tratara de una parada
estratégica para analizar la obra vial que a su lado se lleva a cabo.
La tercera silla se encuentra ambientada y
adecuada por el increíble señor Luis Ortiz, de 47 años de edad, dedicado al
oficio de embolar zapatos o “lustrar” como el mismo lo llama; vestido con ropa
cómoda y sencilla de color negro y gris y con una gorra que apenas descubre en
momentos sus ojos al levantar la cara. Dedicado a este oficio hace 22 años,
frecuentando este y lugares cercanos “desde toda la vida”[3],
con un cálido espíritu y agradable habilidad para conversar, pasa horas enteras
de su vida sobre esta silla, de todos y de nadie, quizás de él, ya que le ha
sacado tanto provecho y se esmera cada tarde en adecuar y adornar con los
elementos de su trabajo. Esta allí paciente esperando el cliente oportuno, el
momento adecuado, la conversación siguiente, las botas o zapatos que deseen
retomar el brillo que han perdido entre
tanto polvo y contaminación; se encuentra con todo un equipo de limpieza, con
elementos como: betún (en pasta y liquido) de color negro, café, azul, rojo,
neutro; diferentes trapos, pomada de brillo, cepillos, caja de embolar, cojín,
entre muchos más elementos que día a día lleva consigo. Dura entre 10 a 15
minutos lustrando un par de zapatos, en ocasiones al ser botas largas tarda un
par de minutos más; cobra dependiendo del “zapato y del cliente”[4]
expresa entre risas, sin embargo, el valor económico que llega a ser entre
$8.000 y $12.000, no se compara con la experiencia de pasar algunos minutos en
este magnífico lugar, conversando plácidamente, con quien ha escuchado y compartido
historias, vivencias, poemas, durante toda su vida con cientos de personas
entre toros, estrellas, vendedores y betunes.
En dicha calle ahora “del peatón” se encuentra
en el momento un container rojo enorme, cubriendo la vista hacia la 10ma, para los
protagonistas de dicho lugar. Sobre el container, 2 obreros transitando y
observando desde allí con supremacía y ventaja el paisaje; siluetas naranjas
sobresalientes ante el fondo azul del cielo. 8 obreros más sobre tierra,
trabajan incansablemente llevando materiales, uniendo cintas, trasladando
ladrillos; son 12 en total, 11 hombres y 1 mujer; 10 con casco amarillo y traje
naranja; 2 con casco blanco, y chaleco azul. Sobre la diagonal, para tomar la
26 al occidente, empiezan a pasar carros, reacciones y expresiones sorprendidas
ante el ausente transito de los mismos; pasan 7 carros, 6 automóviles y 1
camioneta de platón. Ante el paso de 2 de los automóviles se detienen, 8 personas del costado sur y 4
personas del costado norte; manteniendo en sus caras cierta confusión ante este
acto como si se dudara entre un paso permitido o una infracción.
De repente empieza una suave pero constante
llovizna, los arboles se agitan como si celebraran el baño, las personas
aceleran notablemente su paso, casi al punto de trotar, principalmente 3
mujeres muy bien arregladas, con el
cabello liso y sin sombrilla, buscan abrigo y resguardo bajo el voladizo de una
edificación cercana. Pasan 45 personas entre las 3:52:00pm y las 3:53:15pm. Las
expresiones son de cansancio, fatiga, afán; por lo general las personas caminan
con una expresión seria y reservada en el rostro sin mostrar nada de ellos y
sin tener interés en los otros. De 10 personas que pasaron durante algunos
segundos, 6 caminan con la mirada al suelo, elevando la cara por instantes y 4
caminaban con la mirada fija al frente, quizás girando en algunos momentos el
cuello por algo que llamaba su atención.
Entre el ruido de pitos y maquinas que aunque
incesante, se ignora en el ambiente y pasa a segundo plano; empieza a sonar
sobre esta increíble esquina, una salsa, que con un tono no muy alto de volumen
emprende un lenguaje; un cambio en el que observa, en el que camina, en el que
espera. Dicha canción sale de un puesto ambulante de mango maduro y biche, que
vende a $1.000 y a $2.000 la porción en vaso de plástico transparente de mango
cortado en julianas. Con un radiante sol, propicio de este miércoles 29 de
febrero, casi como si celebrara este inexistente día en algunos años, casi como
si la música se extendiera por el ambiente y penetrara en la cabeza de todos
los que por allí pasaban, casi que con el cantar de este vendedor de mangos
incitara y atrajera a sus compradores. Casi como si con un museo cerca, la
plaza de toros detrás, el planetario que nos acerca al cielo; se confirmara que
la música es un arte, es cultura y los sueños, anhelos y esperanzas, del
vendedor, del caminante, del obrero, del embolador, del deportista, del
ejecutivo, de la estudiante, se deben cantar, expresar, difundir, suspender en
el aire.
Casi como si la coincidencia de la canción, en
ese lugar, en ese momento fuera parte de una obra, con un escenario mágico
entre 14 árboles, cientos de personas en el público, un par de palomas que se
avecinan. Una obra generada por un carrito de mangos, con un parasol, un par de
cuchillos, una canasta de mangos verdes y maduros, un trapo, vasos, palillos,
tenedores, billetes y monedas, agua, limón, sal, miel y aquella pimienta que a
veces le falta a la vida, y se encuentra en la esquina menos esperada. Siendo
las 10:30 de esta soleada y placentera mañana, en este mágico y extraordinario
rincón de ciudad en donde al pasar se comparten las alegrías, las tristezas,
los cambios de la Calle Real que nunca volverá a ser la misma, las experiencias
y para no ahondar en mas palabras, en este lugar donde se expresa la vida; un
pequeño radio propiedad de un increíble ser humano de tez negra y sabor en la
sangre decía así:
♪♫ Solo me alienta el deseo divino de hacerte mía
más me destruye la incertidumbre que estoy pasando
es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría
y se me agota ya la paciencia por ti esperando
y se me agota ya la paciencia por ti esperando.
Que a besos yo te levante al rayar el día
Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche
Y cuando venga la aurora llena de goce
Se fundan en una sola tu alma y la mía (4x)
Se fundan en una sola tu alma y la mía.
Soñando contigo
Queriendo
Que se cumpla nuestro idilio.
A veces me voy a un rincón
Y me quedo en el vacio
Sufriendo por ti amor mío
Te llama mi corazón…♫♪
[1] Dato tomado de conversación con auxiliar de movilidad
y verificado en fuente online: http://www.idu.gov.co/web/guest/inicio
[2] Transeúnte, esquina diagonal 26. Hombre de 26 años
aprox.
[3]
Señor Luis Ortiz, lustrador de zapatos Cra 7ma calle 26.
[4]
Señor Luis Ortiz, lustrador de zapatos Cra 7ma calle 26.
No hay comentarios:
Publicar un comentario